La sostenibilidad se ha convertido en una palabra omnipresente. Aparece en campañas, etiquetas y discursos, pero no siempre con el mismo significado. En muchos casos, se reduce a un gesto puntual o a una imagen verde que tranquiliza conciencias, sin cuestionar los procesos de fondo.

Hablar de sostenibilidad real implica asumir complejidad. Significa pensar en el largo plazo, medir impactos, entender el territorio y aceptar que no existen soluciones universales ni inmediatas.
En proyectos como Paulownia, la sostenibilidad no se plantea como un resultado rápido, sino como un proceso que se construye con el tiempo. Desde el análisis del suelo hasta la planificación de cada fase, cada decisión responde a una lógica de permanencia.
Frente al greenwashing, la alternativa es el rigor. Frente a la prisa, el compromiso. Porque lo verdaderamente sostenible no siempre es lo más visible, pero sí lo que perdura.



